Sebastian Redero

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Agustín de Córdoba expone en el palacio de los Barrantes- Cervantes de Trujillo. Las obras son muy diferentes en cuanto a las técnicas y a los temas. Puede parecer que no hay unidad, sin embargo todas participan de la personalidad del pintor.

En los años sesenta del pasado siglo, antes de que los pintores neodadaístas quisieran convertir la pintura en un objeto, en algo exterior al autor, el expresionismo americano y el informalismo europeo realizaron una pintura gestual, existencial y matérica caracterizada por la dimensión subjetiva del individuo. Agustín es un hombre muy efusivo y extravertido, lleno de fuerza y de inquietud. Es esa vitalidad exultante la que hace que todos sus lienzos estén plenos de color, luz, texturas matéricas y gestos plásticos.

En la exposición del palacio Barrantes abundanlos paisajes. No identifiquemos el paisaje conla naturaleza o el territorio. Nuestros antepasados vivieron la naturaleza desde la idea de la utilidad. El paisaje es una creación intelectual y cultural. Convertimos un territorio en paisaje cuando lo contemplamos con una mirada placentera, con ánimo de disfrutar. Agustín ha transformado su entorno físico y lo ha convertido en obras estéticas.

Destacan los cuadros de territorios extremeños en los que el pintor recrea rojizosalcornoques o los castaños centenarios de los “Templarios” con sus colores otoñales. La exuberancia de luz y color nos introduce, unas veces, en los sublimes paisajes románticos, otras, en la evocadora sencillez de los paisajes pintorescos y, todas, en la fogosas sensaciones interiores del autor. Toros, perros, cabras hispánicas participan de esa misma fuerza expresiva. Frente a los existencialistas paisajes de las escuelas de Vallecas y de Madrid, de Benjamín Palencia y de Ortega Muñoz, donde los pintores captan el alma de los austeros campos de la España de mediados del siglo XX, los paisajes que se exponen en el palacio Barrantes están vistos con la mirada placentera de un extremeño de finales del siglo XX y principios del XXI. 

En ellos el austero y sacrificado territorio se ha convertido en paisajes llenos de vida y de agradables sensaciones. El cambio de unos paisajes a otros supone el paso en España de la miseria rural de los cincuenta a la sociedad desarrollada y con tiempo para el ocio de finales de siglo. También hay expuestos cuadros abstractos. Los ubicamos en los estilos informalista y en el expresionismo abstracto.

La mayoría son cuadros abarrocados donde una explosión de color llena todo el espacio pictórico. En algunas de las últimas obras aparecen cuadros con los fondos monocromos que dejan respirar al cuadro sin perder fuerza y aumentando los contrastes de sensaciones.

Llenos de lirismo aparecen los cálidos colores naranjas sobre los fríos fondos grisáceos. La pintura de Agustín se serena sin perder su fuerte personalidad.

Sebastian Redero
Crítico de arte, Historiador de Arte, jurado en diversos certamenes importantes.

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