Paliativa arbolada extremeña exposición de “Los Guardianes del Bosque” X º aniversario (2005-2015) Galería Hebraica, Centro Las Claras, Plasencia, 2015

marisol salanova

Cada año el artista placentino Agustín de Córdoba realiza esta loable colaboración con la Asociación Oncológica Extremeña (AOEX) organizando una exposición benéfica con la que les brinda su apoyo y homenajea la labor de asistencia psicológica, recursos informativos, visibilización social, sensibilización y voluntariado que ofrece dicha asociación a cualquier persona, enfermos, familiares de enfermos o solidarizados con la lucha contra el cáncer.

El arte contribuye a la expresión de pensamientos, sentimientos, deseos y valores, muchas veces hace de este un mundo mejor, sobre todo si es en comunicación con la naturaleza, un recurso omnipresente en la obra de Agustín de Córdoba; la naturaleza, el campo, el bosque, las plantas, los árboles, el cielo, el sol, los animales y toda su nobleza para transmitir lo bello de la vida al ojo ajeno y estimular el pensamiento positivo.

En “Los Guardianes del Bosque”, la serie que expone este año en tal contexto, abundan los árboles propios de su tierra, con el alcornoque como protagonista, un árbol de porte medio, de hoja perenne, nativo de Europa y del norte de África, endémico de la región mediterránea pero con una variedad específicamente extremeña. Parece que esta cuestión tienda un puente de comunicación a través de la manera en que la luz incide sobre semejante tipo de árbol, pues en el trabajo del artista encontramos una combinación muy atractiva de pequeños matices de luz mediterránea, la lejana de sol y playa, con la tan característica luminosidad que se aprecia en las mejores rutas de senderismo extremeño.

Una paleta de colores de tendencia cálida y simplificación de formas, aderezada con grandes superficies de color plano, evocan levemente el Tahití del pintor francés Paul Gauguin. Pero esa fijeza de la coloración plana no es siempre igual ni se traduce en una intencionada falta de movimiento pues sí lo hay y sí parece que el artista lo busque, en cierta medida, ya que se trata de activar los sentidos equiparando el ritmo de formas y colores con el relajante vaivén de las ramas al viento.

Es su vertiente figurativa la que crea una armonía de colores y líneas que sugieren sensaciones agradables, como píldoras para el dolor administradas a través de la vista, de la mirada del que sufre y del que acompaña en el sufrimiento. El ambiente que transmiten la mayoría de los cuadros de esta serie por su composición es de animación tranquila. La intensidad lumínica de los colores, como decíamos, es digna de destacar y lo hace, entre otras cosas, por la casi total ausencia de sombras.

La obra de Agustín de Córdoba combina líneas de trazo continuo y línea recorte que aparece por la intersección de dos superficies de tonalidades diferentes. La vegetación que rodea a sus alcornoques desnudos contrasta con cielos de un azul fabuloso, esperanzador, propio de un artista sensible que es, además, un soñador. Amable y sincero, mantiene un camino decidido hacia el expresionismo figurativo y abstracto, trabajando una técnica mixta sobre lienzo que aporta rotundidad al soporte.

Estamos ante la obra de un artista comprometido y tenaz, fiel a sus orígenes, sin quedarse en los aspectos superficiales de la estética, aproximándonos al paisaje en cuanto experiencia catártica. Sus cuadros, efectivamente, logran una catarsis de las emociones e invitan a ser contemplados durante largo tiempo para descubrir en ellos cada vez algo nuevo, quizás, de nosotros mismos, de nuestro bosque interior.

Marisol Salanova, critica de arte, comisaria de exposiciones,  Editora de Micromegas (Ensayos de Arte Contemporáneo) y filosofa,

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